Jasmine Santanna empalada por dos pollas sin parar
Jasmine Santanna llega a la escena con el coño ya chorreando antes incluso de que la toquen, los pezones duros como piedras bajo la blusa ajustada que apenas le cubre las tetas prietas. El primero se abalanza sobre ella y le clava la polla de lleno en la boca hasta la garganta, haciéndola ahogarse en babas mientras él le agarra la nuca con fuerza y le marca el ritmo de las embestidas, gruñendo cada vez que su verga desaparece entre sus labios rojos y carnosos. Mientras tanto, el otro tipo le sube el vestido hasta la cintura y le arranca las bragas de un tirón, dejando al descubierto un coño tan mojado que el líquido le resbala por los muslos y le empapa el asiento del sofá donde está sentada. Sin perder ni un segundo, le clava el miembro en el coño sin piedad, empotrandola contra el respaldo con cada envite que le hace gemir como una puta en celo, los sonidos de carne contra carne llenando la habitación junto a los jadeos ahogados que escapan de su garganta cuando la segunda polla le roza el clítoris hinchado. Ella se retuerce entre los dos, con una mano en el pelo del primero para que no la suelte y la otra arañando el sofá en busca de algo a lo que agarrarse mientras las dos vergas la estiran por dentro, una en la boca y otra en la raja, hasta que siente que no puede más y se corre con un grito ronco, el coño convulsionando alrededor de la polla que la traspasa mientras el semen le chorrea por la barbilla y le resbala entre los pechos. Los tipos no se detienen ni para respirar, cambiando de agujero con brutalidad: la polla que estaba en su boca ahora le llena el culo a martillazos, metiéndosela hasta las pelotas mientras ella aprieta los dientes y arquea la espalda, los gemidos convertidos en gruñidos guturales cuando el otro le vuelve a embestir el coño sin compasión. Las embestidas son tan bestiales que el sofá cruje bajo su peso, los muslos de Jasmine se cubren de sudor y sus fluidos se mezclan con el líquido preseminal que le chorrea por las piernas. No pasa ni medio minuto antes de que los dos se corran dentro de ella al mismo tiempo, uno llenándole la garganta con chorros espesos de leche caliente y el otro descargando su leche en el culo hasta que se le sale por los bordes, resbalando hacia abajo y dejando un rastro baboso en el asiento. Ella se queda tirada, con los ojos vidriosos y la boca llena de babas y semen, los labios hinchados y el coño y el culo ardiendo por el uso bestial que le han dado.