Rubia con pelo rosa se empotra de pie en hotel
La pelirroja no perdió tiempo al cerrar la puerta del Love Hotel: en menos de un minuto ya le arrancaba la minifalda a esa japonesa de tetas duras como piedras mientras le mordisqueaba el cuello con ansias. Con un gemido agudo que le erizó la piel a él, la morra se agachó de golpe para chuparle la polla gruesa hasta que le tembló el culo rosado de lo mojada que estaba su conejita. Antes de que él pudiera reaccionar, ella se enderezó y se apoyó contra la pared, levantando ese culito respingón para que él le clavara la verga bien hondo desde atrás, sintiendo cómo su coño se abría como una boca hambrienta. Cada embestida le sacudía las tetas grandes que rebotaban sin control mientras los dos jadeaban entre gemidos roncos y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando sin piedad. Él le agarraba las caderas con fuerza, hundiendo los dedos en esa carne firme mientras ella chupaba sus tetillas rosadas y le suplicaba que no parara de empotrarla así, sin piedad. El aire olía a sexo barato y a sudor caliente, con los dos cuerpos pegados sudando como locos hasta que ella sintió cómo la leche le quemaba las entrañas al correrse con un grito gutural que le hizo temblar las piernas. Él no aguantó más y le soltó la leche bien adentro, llenándole el coño de corrida espesa mientras ella se retorcía de placer con los ojos vidriosos y la boca abierta buscando aire entre jadeos. Quedaron los dos tirados en el suelo del cuarto, con los cuerpos pegajosos y el olor a sexo flotando en el aire mientras ella le lamía los huevos con la lengua antes de que él se levantara para irse, dejando su coño chorreando y la polla aún dura como un poste.