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Polla monstruosa de 30 cm empotra sin piedad

1:37 1080P 4 Variados
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Estúdio Texasmassivesize

La de veras que no era normal lo que le colgaba entre las piernas al cabrón de turno, pero cuando se la sacó del pantalón y esos 30 centímetros de carne morada y gruesa rebotaron contra su muslo, ella supo que esa noche no iba a dormir. El tipo ni siquiera le dio tiempo a reaccionar cuando le agarró el pelo con fuerza y le clavó la polla hasta el fondo de la garganta, haciéndola toser y babear mientras los jugos goteaban por su mentón. La pobre no pudo evitar que los gemidos se le escaparan entrecortados al sentir cómo esa verga bestial le abría las paredes de la vagina sin piedad, empotrandola contra la pared del motel con embestidas que le hacían chocar los pechos contra el espejo. Cada vez que la sacaba casi por completo, le dejaba un hilo de baba entre los labios vaginales antes de volver a clavársela hasta el útero, haciendo que sus piernas temblaran y el coño se le empapara más con cada gruñido ronco que soltaba él. Ella intentaba agarrarse a algo, a la cornisa, a su hombro, pero las embestidas eran tan brutales que solo podía jadear y abrir más las piernas, sintiendo cómo le arde el culo de tanto estiramiento cuando él decidió darle la vuelta y metérsela por detrás. Con las manos en sus nalgas, la separó como si fuera una muñeca de trapo y se la clavó hasta el fondo, haciendo que un chorro de flujo resbalara por sus muslos mientras los gritos se le atragantaban en la garganta. El cabrón no paraba, ni siquiera cuando ella se corrió la primera vez, empapando su polla con un orgasmo que le hizo arquear la espalda y morder la sábana para no gritar como una puta en celo. Pero él seguía, más fuerte, más hondo, hasta que los testículos le golpeaban contra el coño cada vez, hinchados y pesados, y ella supo que esta vez no habría escape. Cuando por fin se corrió dentro, sintió cómo la leche caliente le llenaba las entrañas hasta rebosar, goteando por sus muslos mientras ella se quedaba temblando, con la respiración entrecortada y los ojos vidriosos, sin poder creer que una verga así pudiera existir y mucho menos caberle dentro. La muy zorra ni siquiera tuvo fuerzas para quejarse cuando él se la sacó y la dejó caer de rodillas en el suelo, con el coño chorreando y los labios hinchados de tanto uso.

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