Zombi se come el coño de una chica atrapada
La pobre chica estaba aturdida por el golpe cuando el maldito zombi la arrinconó contra la pared de la casa abandonada, sus dedos podridos le arrancaron el vestido de un tirón dejando sus tetas al aire y el coño empapado ya de puro miedo. Él gruñó como animal al verla temblando, su polla verde y deformada se le clavó en la mano mientras la arrastraba hacia el suelo cubierto de hojas podridas, la sujetó de las caderas con fuerza y le abrió las piernas bien abiertas sin importarle si le lastimaba. Ella gimió agónicamente cuando la punta de su verga babeante rozó su entrada, el hedor a podrido le quemaba las fosas nasales pero no había escapatoria, solo el peso del zombi sobre su cuerpo flácido mientras le embestía con saña el coño ya destrozado. Las paredes de la casa crujían con cada embestida brutal, sus tetas rebotaban sin control y los fluidos de ella le resbalaban por los muslos, mezclándose con la sangre y la tierra mojada. El zombi le gruñó en la oreja mientras le mordisqueaba el cuello, su aliento fétido le hacía vomitar dentro de la boca pero no podía resistirse, el coño le ardía como nunca antes y cada embestida le arrancaba un gemido más agudo. Él la volteó como si fuera una muñeca de trapo, le levantó el culo bien alto y le metió la polla hasta el fondo, el sonido de carne chocando contra carne resonaba en la noche mientras ella lloraba sin parar. Las embestidas se volvieron más salvajes, sus uñas se clavaban en el suelo de madera podrida buscando algo a lo que agarrarse, pero solo encontró más dolor cuando él le llenó el coño hasta el fondo con su leche espesa y verde, dejando su vientre hinchado y pegajoso. Cuando por fin se desplomó sobre ella jadeando, su cuerpo inerte se agitó con los últimos espasmos de placer, pero el zombi no había terminado, porque ahora era el turno de su culo...