Tito con corrida melancólica se corre fuerte
La polla enorme de tito ya estaba dura antes de que ella entrara, el muy cabrón se la meneaba despacio mientras esperaba con la puerta entreabierta. Al verla llegar con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva del culo redondo, no pudo aguantarse y la agarró por la cintura arrastrándola contra la pared del pasillo. Con un tirón seco le arrancó las bragas de encaje dejando el coño bien mojado al descubierto, listo para ser empalado sin piedad. Ella soltó un gemido ahogado cuando la primera embestida le abrió el coño de par en par, esa verga gruesa le llegaba hasta las entrañas haciendo que sus tetas rebotaran contra el pecho de él con cada embestida. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en el aire junto a los gritos de ella rogando por más, mientras él le mordisqueaba el cuello y le azotaba el culo con la palma abierta dejando marcas rojas que ardían con cada golpazo. En menos de dos minutos ya le estaba ordeñando la polla con fuerza, sintiendo cómo se le hinchaba dentro antes de soltar una corrida espesa que le llenó el coño hasta rebosar, goteando por las piernas mientras tito seguía metiéndosela con las caderas pegadas a su culo, exprimiéndole hasta la última gota de leche caliente que le quemaba por dentro. Cuando por fin la sacó, el semen le resbalaba por los muslos y ella se dejó caer contra la pared, jadeando con la boca abierta y los ojos vidriosos de tanto placer, mientras él se limpiaba la polla con los dedos antes de guardársela aún goteando con restos de su corrida melancólica. El olor a sexo y sudor impregnaba el ambiente, mezclado con el aroma a coño bien follado que le recordaba a ambos lo intenso que había sido ese polvo rápido pero brutal. La ropa esparcida por el suelo atestiguaba que no había tiempo ni para quitarse los zapatos, solo para que él la empotrara contra cualquier superficie disponible hasta dejarla hecha un desastre, con el coño empalado y el alma temblando de tanto placer salvaje.