Primer intento de fisting anal en solitario con mi culo virgen
Me encanta experimentar con mi cuerpo, y esta vez decidí probar el fisting anal, aunque sea un poco torpe al principio. Me puse en cuatro patas sobre la cama, con el culo bien abierto y las nalgas separadas para que mis dedos pudieran entrar sin problemas. Al principio solo metí uno, sintiendo cómo mi agujero se ajustaba a la presión, pero luego fui aumentando la intensidad, gimiendo fuerte cada vez que empujaba más adentro. El sonido de mi respiración agitada y los gemidos de placer llenaban la habitación mientras me masturbaba con los dedos, sintiendo cómo mi ano se dilataba poco a poco. La sensación era intensa, una mezcla de dolor y placer que me volvía loco, y no podía evitar mover las caderas para sentir más. Con la otra mano, me agarraba la polla dura, masturbándome al ritmo de mis dedos en el culo, imaginando que era una verga gruesa la que me estaba empotrando. El sudor me caía por la espalda mientras seguía metiendo y sacando los dedos, sintiendo cómo mi agujero se abría más con cada embestida. No aguanté mucho más y me corrí con un grito ahogado, el semen salpicando las sábanas mientras mi culo seguía temblando de placer. Fue una experiencia brutal, y aunque al principio me costó, al final me encantó sentirme tan lleno y usado.