Kirk y Drew se empotran sin condón en la habitación
Kirk llegó sudando como un animal después del gimnasio, su cuerpo tatuado y peludo brillaba bajo la luz tenue del dormitorio mientras Drew lo esperaba tumbado en la cama con las piernas abiertas. Al verlo, Drew se relamió los labios gruesos y gruñó con voz ronca pidiendo que lo llenara, su verga ya dura y palpitante bajo los boxers ajustados. Kirk no necesitó más invitación: se lanzó sobre él como un depredador, sus abdominales marcados chocando contra el torso velludo de su amante mientras le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído sobre lo mucho que quería hincárselo sin parar. Drew gimió fuerte cuando la boca caliente de Kirk le selló los labios en un beso húmedo y baboso, al mismo tiempo que sus manos callosas le apretaban el culo firme para acercarlo más, sintiendo cómo la verga gruesa de su compañero ya le rozaba el agujero ansioso. Sin perder tiempo, Kirk le arrancó los boxers con un tirón seco y escupió en su puño para engrasar mejor el camino, luego apoyó la cabeza roma de su pollón contra el esfínter tembloroso que ya se abría solo de anticipación. Drew jadeó y arqueó la espalda cuando la primera embestida lo atravesó de golpe, sus gemidos ahogados en un grito gutural mientras Kirk lo empotraba con fuerza descomunal, sus caderas golpeando contra las nalgas firmes sin piedad. Cada vez que se retiraba, Drew se quejaba como un perro en celo, su agujero palpitante rogando por más hasta que Kirk se hundió hasta las bolas dentro de él, estirándolo al límite mientras le susurraban obscenidades sucias al oído. El sudor les resbalaba por la piel pegajosa, las gotas golpeando el colchón mientras Kirk lo follaba sin piedad, su verga enorme abriendo paso entre los músculos internos que se contraían alrededor como un torno caliente. Drew comenzó a babear en el cojín, sus dedos cavando surcos en la sábana mientras su polla rebotaba contra su propio vientre con cada embestida brutal, el sonido húmedo de la carne chupándose llenando la habitación entre jadeos y quejidos. Kirk aceleró el ritmo hasta dejarlo sin aliento, sus gemidos roncos mezclándose con los de Drew hasta que sintió cómo el calor líquido de su corrida comenzaba a brotar dentro de él, inundando sus entrañas mientras lo sostenía bien hondo para que no se perdiera ni una gota de leche caliente. Drew se corrió al mismo tiempo, su leche espesa saliendo disparada entre sus cuerpos pegajosos, manchando el abdomen velludo de Kirk mientras ambos caían exhaustos sobre las sábanas revueltas, sus pechos agitados subiendo y bajando al ritmo de la respiración entrecortada luego de tanto placer salvaje.