Friz Maravilla empotra a una asiática de 19 años en la cama
La puerta del dormitorio apenas se cerró cuando Harley se arrodilló frente a Friz, sus labios carnosos ya humedecidos, lista para chupar esa polla gruesa que él le ofrecía con una sonrisa de depredador. El riesgo de que alguien los escuchara —quizá los vecinos, quizá el hermano de ella que dormía al final del pasillo— solo aumentaba el calor entre ellos. Friz le agarró la nuca con fuerza, guiando el ritmo mientras ella gemía ahogadamente, sus tetas grandes rebotando con cada movimiento de su cabeza. La saliva le escurría por el mentón, pero no paraba, tragando hasta que el glande le rozó la garganta. De pronto, un ruido en el pasillo los hizo congelarse: ¿era el crujir de un piso o solo el viento? Harley se levantó de un salto, pero Friz la empujó contra la pared, levantándole la falda para meterle los dedos en el coño ya empapado. Ella mordió su hombro para ahogar los gemidos, sintiendo cómo él la penetraba con dos dedos, curvándolos justo donde más lo necesitaba. El peligro de ser descubiertos los volvía más salvajes: Friz la giró de golpe, la inclinó sobre la cama y le abrió las nalgas para meterle la polla de una estocada, hasta que las caderas chocaron contra su culo respingón. Harley se aferró a las sábanas, sus muslos temblando mientras él la embestía sin piedad, el sonido de la carne golpeando resonando en la habitación. Un nuevo ruido —¿era la puerta principal?— los hizo detenerse un segundo, pero Friz solo sonrió y la agarró del pelo, obligándola a mirarlo mientras la follaba más duro, sus tetas rebotando con cada embestida. El orgasmo de ella llegó primero, un grito ahogado que Friz silenció con un beso brusco, pero él no se detuvo, acelerando hasta que su polla palpitó dentro de ella y se corrió a chorros, llenándola hasta que el semen le escurrió por los muslos.