Lola Morango se vistió para provocar y Joseph Britadeira no aguantó
Lola Morango sabía exactamente lo que hacía cuando se puso ese vestido ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo. Ella se agacha para ajustarse las medias, dejando ver su coño depilado brillando bajo la luz del cuarto. Joseph Britadeira no puede apartar los ojos de sus tetas grandes rebotando mientras ella se contonea, rozando su polla dura contra su cadera al pasar. Lola se ríe, sabiendo que lo está volviendo loco, y le envía una foto de su culo perfecto en tanga. Él gruñe, la agarra por la cintura y la empuja contra la pared, metiendo su lengua en su boca mientras sus manos aprietan sus nalgas. Ella gime cuando él le baja el vestido de un tirón, dejando sus pechos al aire, y chupa sus pezones rosados antes de arrodillarse y meter su polla hasta la garganta. Lola lo mira con ojos desafiantes mientras lo chupa, moviendo la cabeza al ritmo de sus gemidos. Joseph no aguanta más, la levanta y la penetra de una estocada, sintiendo su coño apretado envolviéndolo. Ella grita cuando él la embiste contra el colchón, sus tetas rebotando con cada movimiento. Lola Morango arquea la espalda, pidiendo más, y Joseph le da lo que quiere, follándola hasta que sus caderas chocan contra su culo. El sudor les cae por la piel mientras él le agarra el pelo, tirando hacia atrás para ver su cara de placer. Lola Morango se corre primero, apretando su polla con sus músculos internos, y Joseph Britadeira explota dentro de ella, llenándola hasta que su semen gotea por sus muslos. Joseph se desploma a su lado, jadeando, y Lola sonríe satisfecha, sabiendo que lo tuvo en la palma de su mano todo el tiempo.