La empleada de la limpieza me deja romperle el culo a escondidas
—No deberíamos hacer esto, pero no aguanto más— susurra mientras te agarra la polla con sus manos temblorosas. Sabes que esto está mal, que si alguien los descubre, ambos estarán jodidos, pero el calor de su culo apretado contra tu cadera te vuelve loco. La empujas contra la pared, sintiendo cómo su coño mojado se frota contra tu muslo mientras te inclinas para morderle el cuello. Sus gemidos ahogados te excitan más, y cuando por fin te hundes en su culo virgen, ella grita, pero no para que pares, sino para que lo hagas más fuerte. Sientes cómo su anillo se abre para ti, cómo sus paredes se ajustan a cada centímetro de tu verga gruesa. Riccardo Ricci no puede creer lo que está viendo: su empleada, la dulce Asia Divine, convertida en una puta que suplica por más. Sus nalgas perfectas rebotan contra tu pelvis, el sonido húmedo de tu polla entrando y saliendo del agujero de su culo resuena en la habitación. Cuando por fin te corres, llenándola hasta las pelotas, ella se derrumba contra la pared, jadeando, con el culo bien abierto y goteando tu leche. Pero lo que más te excita es ver la mirada de culpa en su rostro, mezclada con el placer que no puede negar. Sabes que esto no puede volver a pasar, pero en el fondo, ambos desean que sí.