Cherie Deville necesita una verga gigante y dura como una roca
El sofá de cuero negro crujía bajo mi peso mientras me retorcía, sintiendo cómo mi coño ardía de necesidad y mi culo se apretaba imaginando lo que venía. Jerry Kovak entró en la habitación con esa sonrisa traviesa, ya sabiendo lo que yo quería. Cuando me arrodillé frente a él, desabrochando su cinturón con los dedos temblorosos, su polla saltó libre, pesada y gruesa, y supe que esta vez no habría escapatoria. Mis tetas perfectas rebotaban mientras me la metía en la boca, chupando fuerte, escuchando el eco de sus gemidos mientras alguien podía entrar en cualquier momento. Él me levantó de golpe, empujándome contra la pared mientras su verga entraba en mi culo de una estocada, llenándome entera sin piedad. Cada embestida me hacía morder el labio para ahogar mis gritos, sintiendo cómo sus pelotas golpeaban contra mi piel mojada. Mis dedos se aferraban a la pared, temblando con cada movimiento, escuchando el crujido de los muebles y rezando para que nadie nos descubriera. Cuando por fin se corrió, llenándome hasta el fondo, supe que esa verga gigante sería mi perdición. Pero la próxima vez, será en su oficina, donde cualquiera podría entrar sin avisar.