La rubia retadora quiere ver si su amigo aguanta su polla
Te voy a contar cómo me puse de perra con Tony Mo, ese cabrón que cree que puede manejarme. Empezó con un juego de miradas, yo en ropa interior de encaje negro, él con esa sonrisa de ‘a ver qué haces’. Le dije que si era hombre, que me hiciera gritar de verdad, y el muy pendejo aceptó el reto. Me arrodillé frente a él, le bajé el pantalón y le metí su verga hasta la garganta, chupando como si fuera mi última comida. Él gruñía, me agarraba del pelo, pero yo no paraba, quería verlo temblar. Cuando ya no pudo más, me empotró contra la pared, metiéndome la polla hasta que las caderas chocaban contra mi culo. Gemía como una loca, el sudor nos pegaba la piel, y cuando me corrió en la boca, tragué todo sin perderle la mirada. Al final, su semen me manchó los labios y el cuello, y él quedó jadeando, derrotado. La próxima vez, le voy a hacer rogar.