Loira desafía a follar duro hasta que ella ruegue por más
La habitación del apartamento quedó en penumbras con solo una lámpara encendida en la esquina cuando la apuesta quedó planteada entre los dos. Yo acepté el reto de la loira para comprobar quién rendiría primero en la cama y empecé quitándole la ropa con movimientos lentos mientras observaba su piel. Mi polla se puso dura al instante al sentir sus manos rozándome por encima del pantalón y la empujé contra la pared para meterle dos dedos en el coño que ya chorreaba. Ella soltó un gemido largo cuando la penetré de golpe y empecé a mover las caderas con fuerza para que sintiera cada centímetro entrando y saliendo. Cambiamos de posición y la coloqué a cuatro patas sobre la cama para agarrarla de las caderas y embestir sin descanso mientras sus gritos llenaban el cuarto. El sudor nos cubría a los dos cuando la giré boca arriba y le abrí las piernas al máximo para seguir follándola más profundo y notar cómo se contraía alrededor de mi polla. Ella intentó aguantar pero sus palabras se volvieron suplicas cuando el orgasmo la recorrió entero y las piernas le fallaron. Al final me corrí con un gruñido fuerte y la vi tirada sobre las sábanas respirando agitada sin poder cerrar las piernas ni recuperar el aliento.