Dos morenas se divierten en la playa tropical
El sol quemaba la arena mientras ella se quitaba el bikini con descaro frente a mí, dejando al descubierto sus tetas redondas y firmes que rebotaban con cada paso que daba hacia la orilla. El agua fría le mojó el coño depilado al instante, haciéndola gemir con voz ronca mientras se frotaba contra mi polla ya dura como una piedra. Sin perder tiempo, le agarré el culo prieto con ambas manos y la levanté como si no pesara nada, hundiendo mi verga hasta el fondo de su garganta mojada mientras sus uñas se clavaban en mis hombros. Ella escupió mi polla con saliva brillante, jadeando y susurrando que quería sentirme dentro de su coño ardiente antes de que el mar nos arrastrara. La tumbé boca arriba sobre la toalla y le abrí las piernas, lamiéndole el clítoris hinchado hasta que su cuerpo se arqueó entero, mojando la tela con sus jugos calientes. Me puse de rodillas entre sus muslos y, sin avisar, la penetré de un empellón brutal que le hizo gritar con los ojos en blanco, sintiendo cómo su coño se apretaba como un puño alrededor de mi miembro palpitante. Las olas rompían cerca mientras yo la embestía sin piedad, sintiendo cada contracción de su vientre contra mi pubis, escuchando sus gemidos ahogados mezclados con el rumor del mar. Ella se corrió primero, temblando como gelatina, con su coño chorreando leche espesa que resbaló por mis bolas mientras yo seguía machacándola sin piedad. La giré de golpe, dejándola a cuatro patas con el culo en pompa, y le di una palmada en cada nalga antes de clavarle la polla hasta las pelotas, escuchando el sonido húmedo de cada embestida que le sacaba un quejido animal. Cuando sentí que mi corrida subía por mi espina, la agarré del pelo y le ordené que se tragara mi leche caliente, disparando chorros espesos en su boca entreabierta mientras ella tragaba con avidez, limpiando cada gota de mi verga palpitante.