Zapatillas blancas nuevas para una follada bien húmeda
Las zapatillas blancas relucían bajo el sol mientras ella se inclinaba para atárselas, mostrando ese culo respingón que tanto lo volvía loco. Él no pudo resistirse y, sin pensarlo dos veces, se acercó por detrás, deslizando su mano por debajo de su falda hasta encontrar ese coño ya mojado. Ella gimió fuerte al sentir sus dedos entrando sin piedad, arqueando la espalda para recibir más presión. La polla de él ya estaba dura como una roca, lista para empotrarla contra la pared mientras ella se aferraba a sus hombros, mordiendo su labio inferior para no gritar. Las embestidas eran brutales, cada vez más profundas, haciendo que sus tetas rebotaran con cada golpe. El sonido de la carne chocando resonaba en el aire, mezclado con los jadeos desesperados de ella, que suplicaba que no se detuviera. Él la tomó del pelo, tirando hacia atrás para morder su cuello mientras su polla entraba y salía sin descanso. El calor de su coño lo volvía loco, y cuando ya no pudo aguantar más, se corrió dentro de ella con un gruñido animal, llenándola por completo. Ella se dejó caer contra la pared, jadeando, con las zapatillas blancas ahora manchadas de sudor y semen, pero sin importarle lo más mínimo.