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Hijastra salvaje se deja follar duro y sin piedad

10:00 1080P 6 Variados
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La hijastra llevaba días restregándose contra el marco de la puerta cada vez que él pasaba, con esos pechos redondos rebotando bajo la camiseta ajustada y ese culito prieto que no podía dejar de mirar. Al principio ella solo se reía cuando él le decía ‘qué rica estás’, pero esa misma tarde, después de que él la pillara masturbándose en la ducha, las cosas se pusieron calientes de verdad. Ella no opuso resistencia cuando él la empujó contra la pared del pasillo, le arrancó el tanga de un tirón y le metió los dedos bien mojados entre los labios para probar lo que ya supuraba de ganas. Él le gruñó al oído ‘putita, vas a ver lo que es bueno’ mientras le agarraba las tetas por detrás, apretándolas hasta que ella jadeó y se le escapó un gemido largo y sucio. Él se bajó el pantalón de golpe y su verga gruesa y palpitante quedó colgando, lista para destrozarle el coño a base de embestidas brutales, mientras ella se agarraba al sofá con las uñas clavadas en el cuero sintético. Cada vez que él se la empotraba hasta el fondo, sus nalgas sonaban como un tambor contra sus muslos, y el olor a sexo y sudor inundaba la sala mientras ella chillaba ‘más fuerte, papi, más fuerte’ sin ningún pudor. Él le dio la vuelta como si pesara menos que una pluma, le levantó las piernas hasta casi romperle la cintura y se la clavó desde atrás, haciendo que sus tetas botaran salvajemente con cada embestida. El sonido de la carne chocando contra carne se mezclaba con los gemidos ahogados de ella, que no paraba de repetir ‘me vas a romper, cabrón’, aunque sus caderas no dejaban de empujar hacia atrás buscando más. Cuando él sintió que su leche empezaba a hervirle en los huevos, le agarró la melena y le obligó a arquear la espalda, clavándosela hasta que ella se corrió gritando con la boca llena de babas y el coño apretándole la verga como un puño. Él no aguantó más y, con un rugido animal, le descargó toda la leche bien caliente hasta que ella sintió cómo se le escurría por el muslo interno, dejándola agotada y completamente satisfecha sobre el suelo, con las piernas temblorosas y el coño chorreando.

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