Tío musculoso se corre imaginando tu coño apretado
El macho sudaba como un pollo en agosto mientras se agarraba la polla bien dura con una mano y con la otra apretaba el cojín contra su boca para no gritar como un cerdo degollado. Imaginaba que esos labios carnosos que tanto le ponían se le enredaban en la verga como una ventosa, que su coño empapado de leche le abrazaba la polla hasta dejarlo sin aire. Se le saltaban los ojos de las órbitas cada vez que se imaginaba empotrando esa raja jugosa hasta el fondo, sintiendo cómo le apretaba el glande como si quisiera ordeñársela. Sus músculos abdominales se marcaban bajo el sudor mientras se sacudía el cuerpo con cada embestida fantasmal, los huevos le temblaban como gelatina y la leche le subía por el rabo a punto de reventar. Se mordía el labio inferior hasta sacarse sangre, pero no podía evitar que los gemidos se le escaparan entre dientes mientras se masturbaba como un salvaje contra el colchón. La imagen de ese coño estrecho tragándose su verga una y otra vez lo tenía al borde del colapso, con la respiración entrecortada y el cuerpo convulsionando como si ya estuviera dentro de él. Cada vez que se corría, la leche le salpicaba el pecho y el vientre, dejando manchas blancas sobre su piel bronceada mientras gruñía como un animal en celo. Y así, sin parar de temblar, seguía frotándose la polla hasta que el último chorro le salía espeso y caliente, dejando su cuerpo saciado pero con el ansia de más metida hasta el fondo del alma.