Negro musculoso empala a joven con su verga gigante
El chico no podía creer lo que veía cuando el tipo negro de abdominales marcados se quitó la toalla frente a él y dejó al aire esa polla monstruosa que le colgaba entre las piernas. No había visto nada igual en su vida, ni en fotos ni en videos, y menos en vivo. El negro se acercó con esa sonrisa pícara mientras se agarraba el miembro con la mano grande y lo movía lentamente, dejando ver cada vena palpitante bajo la piel oscura. El joven, con la boca abierta y el corazón a mil, ni siquiera atinó a reaccionar cuando sintió los labios carnosos del negro apretándose contra los suyos en un beso húmedo y sucio que le dejó un sabor a cerveza y lujuria. La mano áspera del musculoso le agarró la nuca con fuerza y lo empujó contra la pared, mientras con la otra le bajaba el short hasta los tobillos, dejando al descubierto un culo prieto y tembloroso que ya estaba mojado por la anticipación. El negro no perdió tiempo: escupió en su propia verga y la frotó contra el agujero del chico, que gemía como una puta en celo mientras se agarraba a la barra de la ducha con las dos manos. Cuando la punta gruesa se clavó en su interior sin piedad, el joven soltó un grito ahogado que se mezcló con los gruñidos guturales del negro, que lo empotraba sin compasión, cada embestida más profunda que la anterior. El sonido de los cuerpos chocando resonaba en el baño junto al chapoteo de un coño —o en este caso, de un culo— que se abría para recibir cada centímetro de esa verga de 25 centímetros que lo partía en dos sin piedad. El joven, con los ojos en blanco y la saliva cayéndole por la barbilla, no podía creer que su primer hoyo negro fuera así de intenso, con ese negro musculoso metiéndole la verga hasta las pelotas y gruñendo como un animal en celo mientras le azotaba el culo con cada envite. Cuando el negro le agarró la polla flácida y empezó a masturbarlo al ritmo de sus embestidas, el joven supo que no aguantaría más: el coño —o bueno, el culo— se le contrajo alrededor de la verga como si quisiera estrangularla mientras la leche le brotaba a chorros por entre los dedos, manchando el suelo del baño con su corrida espesa y caliente. El negro, lejos de detenerse, le clavó los dientes en el hombro mientras se corría dentro de él con un rugido animal, llenando ese culo virgen con su leche negra y espesa hasta que el joven no pudo más que temblar y gemir como una puta rendida bajo el peso de ese cuerpo musculoso que lo había destrozado por dentro.