Ruso con culo bien ancho y polla de 30 centímetros
Ese soldado ruso llegó con su tatuaje de águila y ese culo bien gordo que se le marcaba bajo el uniforme ajustado, y desde el primer momento supe que iba a terminar empalado. Me tiré sobre la cama con las piernas bien abiertas mientras él se quitaba el cinturón con esa sonrisa de depredador que solo tienen los que saben que van a dejarte el culo hecho puré. Con la polla ya bien dura y brillante de saliva, me la clavó sin aviso, arrancándome un gemido que le hice repetir cuando notó lo mojada que estaba mi entrada. El muy cabrón empezó a cabalgarme a cuatro patas, sus huevos golpeándome el culo con cada embestida mientras sus dedos me apretaban las nalgas para que sintiera cada centímetro de esa verga monstruosa. No pude aguantar más cuando me dio la vuelta y me empotró contra el colchón, metiendo esa cabeza gruesa entre mis cachetes hasta que el dolor se mezcló con el placer y el ano se me quedó bien abierto. Entre gritos y sudor, sus embestidas se volvieron más brutales, su piel tatuada rozando contra la mía mientras su aliento caliente me quemaba la nuca. Cuando por fin solté mi corrida, el ruso no se detuvo, sino que me llenó de leche hasta que empezó a gotear por mis muslos, dejándome completamente hecho un desastre. No hay nada como un ruso con ese culazo y esa polla que parece no tener fin para dejarte marcado hasta el día siguiente.