Amigos del marido me dejaron bien follada en casa
Llegaron borrachos del bloque y al minuto ya me estaban manoseando las tetas por encima de la blusa sin que mi marido se diera cuenta. Primero fue el negro, que me agarró del pelo y me obligó a chuparle la polla negra y gruesa hasta que le salía leche por la garganta mientras sus amigos se reían viendo cómo se me saltaban las lágrimas. Después el rubio me volteó contra el sofá y me empotró el culo sin piedad, gritando que quería dejarme el coño bien marcado con su verga rosada y palpitante. Yo gemía como puta en celo, con las medias rotas y el vestido arremangado hasta la cintura, sintiendo cómo me llenaban por dentro hasta el fondo sin protección mientras me decían guarradas al oído. El tercero, más tímido pero con un rabo enorme, se agachó a lamerme el coño bien mojado mientras los otros dos me sujetaban de las piernas abiertas, metiéndome los dedos en la boca para que no gritara. Cuando el primero me corrió dentro del culo a chorros gruesos y calientes, el rubio me agarró de la nuca y me obligó a tragarme su corrida espesa mientras el negro me escupía en la cara su leche caliente como si fuera un premio. La alfombra quedó llena de manchas blancas, el sofá se movía con cada embestida y yo solo podía gemir con la boca llena, sabiendo que al día siguiente tendría las piernas temblorosas y el coño goteando leche ajena. La peor parte fue cuando mi marido entró a buscar una cerveza y nos encontró así, sin que yo pudiera ni taparme, pero en vez de enfadarse solo se sacó la polla y se unió al jaleo mientras sus amigos me seguían empotrando sin clemencia.