Chico empala su gruesa polla en un vaso de vidrio
El cabrón se miró al espejo mientras se untaba lubricante barato en el culo, sonriendo al notar cómo se le iba abriendo el agujero con cada dedo que se clavaba. Primero fueron dos, luego tres, estirando la carne rosada hasta que el anillo quedó bien prieto y listo para el siguiente paso. Con un suspiro sucio, agarró el vaso de vidrio frío y lo acercó a su entrada, sintiendo el borde frío contra la piel caliente y dilatada. El primer empujón fue un gemido ahogado, la carne se resistió pero cedió con un chasquido húmedo que hizo que la polla le palpitara de anticipación. Ya con el vaso dentro hasta la mitad, se masturbó rápido para no perder la erección mientras gruesas venas le marcaban los muslos. Cuando por fin se lo hundió hasta el fondo, el sonido de su carne abriéndose fue música para sus oídos, un crujido húmedo que le hizo gritar con la boca llena de baba. Con las manos temblorosas, se empaló más fuerte, sintiendo cómo el vidrio le raspaba las paredes del culo mientras la polla le golpeaba la próstata sin piedad. Los gemidos se volvieron roncos, mezclados con el sonido de los golpes de cadera contra sus muslos, sudor cayéndole por la espalda mientras el vaso se le clavaba más adentro con cada embestida. El clímax llegó como un tren descontrolado: la polla le latía dentro del culo, los huevos le escocían de ganas y el vaso se le salió de golpe con un chapoteo de líquido baboso. Se dejó caer contra la pared, jadeando como un animal en celo, con el culo hecho un desastre y la polla aún dura, goteando semen mezclado con restos de lubricante.