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Minifalda ajustada y manos curiosas en la habitación

10:15 720P 1 Morenas
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Estúdio VenekaAnal
Atores Dayer

Llevaba días imaginando cómo sería quitarle esa minifalda ajustada que le marcaba el culo prieto con cada movimiento. Cuando al fin se quitó la blusa y quedó con solo el sujetador blanco, no pudo resistirse y le metió los dedos entre las piernas sin aviso. El coño le ardía de lo mojada que estaba, y sus gemidos agudos llenaron la habitación al sentir los dedos hurgando entre sus pliegues empapados. La chica, de pelo castaño y mirada traviesa, se dejó caer sobre la cama con las piernas abiertas, mostrando cómo el sujetador apenas cubría sus tetas firmes que se balanceaban con cada respiración agitada. Él no perdió tiempo y se arrodilló entre sus muslos, lamiéndole el coño sin piedad mientras ella se agarraba a las sábanas con fuerza, gritando su nombre entre jadeos. Los dedos de él se deslizaron hasta su entrada, frotando el clítoris hinchado antes de hundir dos dentro de ella, haciendo que sus caderas se arquearan buscando más. La minifalda quedó olvidada en el suelo cuando él la levantó del todo, dejando al descubierto el coño rosado y brillante que pedía a gritos ser follado. Sin preámbulos, se quitó la camisa del uniforme y dejó ver su polla dura como una roca, lista para clavarse hasta el fondo. Ella se mordió el labio inferior al sentir la punta rozando su entrada, pero no la dejó entrar del todo, jugando a hacerla sufrir con embestidas lentas y profundas que la dejaban sin aliento. Cuando por fin se la empotró hasta las bolas, sus gemidos se volvieron incontrolables, mezclándose con el sonido de los choques de carne contra carne y los suspiros ahogados. Cada embestida la llevaba más cerca del orgasmo, con su coño apretando la polla como si no quisiera soltarla nunca, hasta que por fin explotó en un grito ronco, corriéndose sobre su verga mientras él seguía embistiéndola sin piedad. La cama crujía bajo el peso de sus cuerpos sudorosos, las tetas de ella rebotando con cada golpe, y cuando él se corrió dentro de su coño caliente, ella no pudo evitar gemir de nuevo, sintiendo cómo su corrida le resbalaba por los muslos. Quedaron tirados en la cama, jadeantes y exhaustos, con la minifalda olvidada y el sujetador aún puesto, pero sus cuerpos entrelazados no podían separarse todavía.

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