Maquilladora bruna se masca el coño a solas
La maquilladora de pelo castaño oscuro se quitó los tacones negros antes de sentarse en el borde del tocador, con las piernas bien abiertas sobre la silla giratoria. Se pasó la mano derecha por el vientre plano mientras con la izquierda se acariciaba los pezones rosados, duros como piedras bajo la blusa de seda transparente que apenas le tapaba las tetas. Con los dedos índice y anular se abrió los labios del coño depilado y se los untó con los jugos espesos que ya le escurrían por el muslo, gimiendo al sentir el contacto con su vagina ardiente. Se metió dos dedos dentro con un empujón brusco, jadeando mientras enredaba los dedos de los pies en la alfombra persa que pisaba, sintiendo cómo el calor le subía desde el coño hasta la nuca. Se sacó los dedos mojados y se los llevó a la boca, chupándoselos con glotonería mientras se masturbaba con la otra mano, frotándose el clítoris en círculos cada vez más rápidos. Los gemidos se le escapaban entre los dientes apretados, mezclados con los sonidos húmedos de su coño chorreante que resonaban en el baño inmaculado. Se levantó de la silla con las piernas temblorosas, se quitó la blusa y se tiró boca arriba sobre la cama king size, donde se abrió de piernas como una perra en celo. Agarró el vibrador rosado que tenía junto a la almohada y se lo clavó hasta el fondo con un crujido húmedo, gritando al sentir cómo le recorría todo el coño hasta el fondo del útero. Se corrió en menos de un minuto, con el cuerpo convulsionando, los muslos cubiertos de su propio líquido y la cara roja de placer, mientras el vibrador seguía zumbando entre sus piernas como un recordatorio de lo bien que se había dejado llevar.