Mi ex me buscó y me la metió hasta el fondo en cuatro patas
El aire olía a sudor y perfume barato en ese motel de carretera donde nos encontramos, las luces tenues dibujando sombras en las paredes descascaradas. Llevaba días mandándome mensajes, insinuando que quería verme, pero yo lo ignoraba, aunque mi coño ya estaba mojado solo de pensar en cómo me la chupaba antes. Esa noche, cuando abrió la puerta con esa sonrisa de cabrón, supe que no aguantaría ni cinco minutos. Me empujó contra la cama, sus manos grandes apretándome las tetas mientras me mordía el cuello, y yo gemí como una perra en celo cuando sentí su polla dura rozándome el culo. 'Te extrañé, puta', me susurró al oído, y yo solo pude arquearme más, ofreciéndole mi coño chorreando. No perdió tiempo, me bajó el short de una patada y me empotró de una estocada, llenándome entera de golpe, y yo grité, porque esa verga gruesa me estiraba como nunca. Cada embestida me hacía chocar contra el colchón, mis muslos temblando, sus pelotas golpeándome el clítoris mientras me follaba sin piedad. 'Dame más, cabrón', le supliqué, y él me agarró del pelo, tirando hacia atrás mientras me penetraba más hondo, hasta que sentí su leche caliente llenándome por completo, caliente y espesa, y yo me corrí gritando su nombre, mi cuerpo convulsionando bajo el suyo.