Ross Shop se masturba con un dildo mientras desafía a su osito en videollamada
Esa tarde, en mi habitación con las cortinas cerradas, me senté frente a la cámara con un dildo enorme entre las piernas, retando a mi osito goloso a ver si aguantaba lo que le iba a mostrar. Sabía que le encantaba verme así, mojada y provocadora, así que empecé a deslizar el juguete por mi coño hinchado, gimiendo fuerte para que escuchara cada sonido húmedo. Le dije que si no se corría antes que yo, tendría que lamerme el culo después, y eso lo volvió loco. Con cada embestida, el dildo golpeaba mi clítoris hinchado, haciendo que mis muslos temblaran, pero no iba a ceder tan fácil. Mi osito empezó a masturbarse como un desesperado, pero yo aceleré el ritmo, metiendo el dildo hasta que las caderas chocaban contra mi piel. Cuando sentí que el orgasmo me quemaba por dentro, apreté los muslos y grité su nombre, corriéndome en un chorro caliente que manchó la pantalla. Él no pudo contenerse y se vino segundos después, pero la próxima vez no será tan fácil para él. La próxima vez, voy a empotrarlo contra la pared hasta que me suplique perdón.