Yasmin se hace vibrar el clítoris con pasión
Yasmin es una morena de tetas grandes y cara de ángel que no puede resistirse a juguetearse ese coño depilado y jugoso cada vez que se queda sola en casa. Con los muslos bien abiertos sobre la cama, los dedos resbalando entre sus pliegues ya empapados, enciende el vibrador rosa con un gemido que le sube desde el fondo del vientre. El aparato no tarda en hacer su magia: la punta redonda se clava justo donde más le late, apretando contra el clítoris hinchado mientras su pelvis se arquea buscando más presión. Las piernas le tiemblan, los pezones se le ponen duros como piedritas y el sonido húmedo de la carne mojada llena la habitación cada vez que el vibrador se desliza entre sus labios brillantes. Yasmin se muerde el labio inferior, los ojos cerrados y la respiración entrecortada, mientras el aparato no para de hacerla vibrar con furia, subiéndole la temperatura hasta que siente que el orgasmo le recorre la espalda como un relámpago. La primera sacudida la pilla desprevenida: un espasmo fuerte le recorre el coño, los muslos se le tensan y un chorrito de sus jugos resbala por la raja antes de que el vibrador siga frotando sin piedad, sacándole más gemidos roncos que le salen del pecho. La morena se retuerce sobre el colchón, las tetas botando al ritmo de los movimientos desesperados, mientras el segundo orgasmo la golpea como una ola, dejándola temblando y con el coño completamente empapado. El vibrador no da tregua: lo presiona contra el clítoris otra vez, esta vez con movimientos circulares que le hacen gritar y clavar las uñas en la sábana, hasta que el tercer clímax la deja exhausta, con las piernas como gelatina y la piel cubierta de un sudor pegajoso que le huele a sexo crudo.