Michellhot me enseña a disfrutar el sexo duro como nunca antes
El olor a sudor y perfume barato flotaba en el aire cuando Michellhot entró en la habitación, sus tacones altos golpeando el suelo con provocación desde hacía días, enviando fotos en tanga, rozándose contra ella en el sofá, hasta que ya no pudo aguantar más. Michellhot se arrodilló de inmediato, sus dedos largos separaron los labios mojados con un gemido ahogado, la lengua caliente recorriendo cada pliegue antes de hundirse hasta el fondo, los ojos clavados en los de ella mientras los dedos entraban sin piedad en el culo apretado. Michellhot se levantó, le dio la vuelta y la empujó contra la pared, el miembro duro entrando de una estocada, las caderas chocando con fuerza, los gritos ahogados por la boca de Michellhot devorando sus labios. Michellhot la levantó en brazos, la empotró contra el espejo, los pechos rebotando con cada embestida, hasta que los dedos se clavaron en la piel y el cuerpo entero se tensó antes de explotar en un orgasmo que dejó las piernas temblando.