Él la vio por la ventana y no pudo resistirse
La ventana entreabierta dejaba escapar el calor del cuarto, pero también el sonido de sus gemidos ahogados. Él estaba afuera, apoyado contra la pared, con la polla dura como piedra, observando cómo ella se movía despacio frente al espejo, acariciándose los pechos mientras se mordía el labio. Llevaba días provocándolo: fotos en ropa interior, rozándose contra él al pasar, mensajes que dejaban poco a la imaginación. Pero ahora, verla así, con los dedos hundidos en su coño mojado, fue demasiado. Sin pensarlo, empujó la ventana y entró, cerrándola con un golpe seco. Ella no se asustó, solo sonrió con complicidad mientras se arrodillaba frente a él, desabrochándole el pantalón con dedos ávidos. La polla de él saltó libre, gruesa y palpitante, y ella no perdió tiempo en chuparla hasta el fondo, haciendo que sus caderas temblaran. Él le agarró el pelo, tirando con fuerza mientras ella gemía alrededor de su verga, la saliva escurriéndose por su barbilla. La levantó de golpe, empujándola contra la pared y levantándole la falda, encontrando su coño chorreando de excitación. Con un solo movimiento, la penetró de una estocada, llenándola entera mientras ella gritaba su nombre. Cada embestida era más brutal, más profunda, hasta que las caderas de él chocaron contra su culo, haciendo que sus muslos temblaran. Ella lo arañaba la espalda, pidiendo más, más duro, más rápido, hasta que él explotó dentro de ella con un gruñido animal. Cuando se separaron, jadeando, él le susurró al oído: 'Sabía que esto pasaría desde el primer mensaje que me mandaste, puta provocadora'.