Dos pelirrojas ardientes se empotran con la polla de Otto Bauer
El baño de la oficina estaba oscuro, con solo la luz tenue de la ventana entreabierta iluminando los azulejos fríos. Mi coño ya latía desde la mañana, imaginando cómo Otto Bauer me llenaría el culo mientras su polla gruesa me abría de par en par. Sabía que en cualquier momento podía entrar alguien—el jefe, los compañeros de trabajo—pero no me importaba. Cuando Audrey y yo nos arrodillamos frente a Otto, sus manos grandes ya nos agarraban el pelo mientras nos turnábamos para chuparle la verga hasta dejarla bien dura. El sonido de sus gemidos ahogados en mi garganta me ponía más caliente, y cuando por fin me dio la vuelta y me empotró contra la pared, sentí cómo su polla entraba hasta las pelotas en mi culo apretado. Audrey se masturbaba a mi lado, gimiendo en silencio mientras Otto me embestía sin piedad, sus dedos clavados en mis caderas para que no me escapara. El riesgo de que nos descubrieran solo hacía que mi coño chorreara más, y cuando Otto me llenó el culo de leche caliente, tuve que morderme el labio para no gritar. Audrey se corrió en mi boca justo después, y el sabor de su flujo me volvió loca. Otto me dio la vuelta y me hizo tragar su corrida mientras su polla aún palpitaba dentro de mí. Sabía que en cualquier momento alguien podría entrar, pero no podía parar. El peligro solo hacía que todo fuera más intenso, y cuando Otto me levantó y me empotró contra el lavabo, sentí cómo su verga entraba y salía de mi culo como si no hubiera mañana. Audrey se arrodilló frente a nosotros, chupando la polla de Otto mientras yo gemía sin control. El sonido de sus labios succionando y mis gritos ahogados en el baño eran lo único que se escuchaba. Cuando Otto por fin se corrió en mi cara, su leche espesa me cubrió los labios mientras Audrey me lamía el coño para que no hiciera ruido. Sabía que en cualquier momento alguien podría entrar, pero no me importaba. Solo quería más, más fuerte, más rápido, hasta que Otto me llenó el culo de nuevo y mi cuerpo tembló sin control. El riesgo de ser pillados solo hacía que todo fuera más excitante, y cuando Otto me empujó contra la pared y me empotró con fuerza, sentí cómo su polla entraba y salía de mi culo como si no hubiera mañana. Audrey se corrió en mi boca mientras Otto me llenaba el culo de leche, y el sabor de su flujo me volvió loca. Sabía que en cualquier momento alguien podría entrar, pero no podía parar. El peligro solo hacía que todo fuera más intenso, y cuando Otto me levantó y me empotró contra el lavabo, sentí cómo su verga entraba y salía de mi culo como si no hubiera mañana. Audrey se arrodilló frente a nosotros, chupando la polla de Otto mientras yo gemía sin control. El sonido de sus labios succionando y mis gritos ahogados en el baño eran lo único que se escuchaba. Cuando Otto por fin se corrió en mi cara, su leche espesa me cubrió los labios mientras Audrey me lamía el coño para que no hiciera ruido. Sabía que en cualquier momento alguien podría entrar, pero no me importaba. Solo quería más, más fuerte, más rápido, hasta que Otto me llenó el culo de nuevo y mi cuerpo tembló sin control.