Disfruto ser penetrada y reto a mi novio a que me aguante
La luz del dormitorio apenas iluminaba la cama revuelta cuando me recosté sobre las sábanas, sintiendo cómo mi coño ya palpitaba de anticipación. Alexxx entró con esa sonrisa de quien sabe que va a ganar, pero esta vez le dije que no sería tan fácil: si quería follarme, tendría que demostrar que aguantaba mis gemidos y mis ganas. Me abrió las piernas de golpe, metiendo dos dedos hasta el fondo mientras yo arqueaba la espalda, mordiéndome el labio para no gritar. Su polla ya estaba dura, y cuando la empujó contra mi entrada, sentí cómo mi culo se apretaba de nervios. '¿Seguro que puedes con esto?', le provoqué, y él respondió embistiendo de una estocada, haciendo que mi coño se ajustara a su verga como un guante. Cada movimiento era más fuerte, más rápido, y yo no podía evitar gemir, sintiendo cómo mis jugos mojaban sus bolas. Alexxx me dio la vuelta, poniéndome a cuatro patas, y entonces sí que me empotró sin piedad, agarrándome de las caderas para hundirse hasta donde mi cuello del útero lo dejaba. Yo me agarraba a las sábanas, sintiendo cómo cada embestida me acercaba al orgasmo, hasta que no pude más y me corrí gritando, apretando su polla con mis paredes. Él se quedó quieto un segundo, jadeando, antes de sacarla y correrse sobre mi espalda, dejando su leche caliente resbalando por mi piel. Cuando terminó, se dejó caer a mi lado, sudado y con la respiración agitada, pero yo solo sonreí: esta vez, él había perdido la apuesta.