Navi me sorprendió con su trasero perfecto cuando regresé a casa
Eran las dos de la mañana cuando abrí la puerta y la vi, iluminada por la luz tenue de la lámpara, inclinada sobre el sofá con su culo prieto en pompa, esperando mi polla. Sabía que no debía, que era la esposa de mi mejor amigo, pero el deseo me quemaba las entrañas. Me acerqué en silencio y le susurré al oído: 'Esa ruca está pidiendo a gritos que se la meta'. Ella gimió, moviendo las caderas para provocarme, y yo no aguante más. Le bajé el short con los dientes, dejando al aire su coño mojado, reluciente bajo la luz. Con un dedo le abrí los labios y metí la lengua, saboreando su humedad salada. Navi arqueó la espalda, temblando, y yo aproveché para agacharme y chuparle el clítoris, mordisqueándolo hasta que sus muslos se apretaron contra mi cara. Cuando ya no pudo más, la puse de cuatro y le clavé la polla de una sola embestida, sintiendo cómo su culo apretado me envolvía. Empujé con fuerza, cada movimiento acompañado de un gemido de su parte, hasta que el sofá crujía bajo nuestros cuerpos. Sabía que esto estaba mal, que mi amigo no merecía esto, pero no podía parar. Navi gritó cuando me corrí dentro, inundando su coño con mi leche, y luego se dejó caer sobre el sillón, saciada pero con la mirada culpable. Fuera, el ruido de un auto acelerando rompió el silencio, recordándome que alguien más podía estar enterándose de lo que habíamos hecho.