Lidi Ferrari y su amante la empotraron en la cama mientras el marido jugaba fútbol
Te dejé la puerta abierta, sabiendo que él no volvería hasta tarde. Cuando escuchaste el timbre, supiste que era tu amante, el tipo que te hace gemir como una perra en celo. Te lo follaste en el sofá, con las bragas enredadas en los tobillos, sintiendo cómo su verga gruesa te abría de par en par. Te agarraba las tetas pequeñas mientras te embestía, y tú solo podías gemir, sabiendo que esto estaba mal pero sin poder parar. Le chupaste la polla hasta que te llenó la boca, y luego te la metiste hasta el fondo, sintiendo cada centímetro de su carne dura. Te corriste en su cara, marcándolo como tuyo, y luego te quedaste tirada en el suelo, con su leche resbalando por tu barbilla. En más de 12 minutos de escena, no hubo un solo momento en que no sintieras que esto era pecado del bueno. Ahora solo queda el olor a sexo en el aire y una mancha húmeda en el sofá.