Compañera me empotró mientras su marido estaba fuera
Desde el primer día en la oficina notó cómo me miraba de arriba abajo cuando creía que no la veía, con aquellos labios carnosos mordisqueando el bolígrafo mientras sus tetas apretadas contra la blusa delatan lo que realmente quería. Aquella tarde, después de que él se marchara a una reunión fuera de la ciudad, ella entró en mi despacho con las bragas ya empapadas y sin más preámbulos me agarró de la corbata para atraerme hacia su boca, chupando mi polla con tanta desesperación que casi me corre en el primer envite. Levantó el culo sobre mi escritorio, dejando al descubierto un coño brillante y listo para ser follado, mientras sus gemidos agudos llenaban la habitación cada vez que le clavaba la verga hasta el fondo, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía con cada embestida profunda que le arrancaba chorros de jugos por el culo. Sus uñas se clavaron en mi espalda cuando la levanté en volandas para empotrarla contra la pared, con las piernas rodeándome la cintura y el coño tan apretado que parecía que me iba a partirla en dos, pero ella solo pedía más, más fuerte, más profundo, mientras su lengua jugaba con mi oreja y sus tetas rebotaban cada vez que la embestía con furia animal. Cuando noté que su coño empezaba a temblar alrededor de mi verga, supe que estaba a punto de correrse, así que la tiré al suelo, le arranqué las bragas de un tirón y le metí la polla hasta la garganta mientras sus jugos me resbalaban por los muslos, gritando como una puta descontrolada hasta que su corrida me empapó la entrepierna mientras yo me descargaba dentro de su coño con un gruñido ronco que resonó en el pasillo vacío. El olor a sexo y sudor impregnó el aire del despacho, y ella, con las piernas temblorosas y la boca llena de mi leche, me susurró al oído que quería repetirlo todas las veces que su marido se fuera de viaje.