La crush naranja se deja empotrar hasta reventar
Llevaba meses tragando saliva cada vez que la veía salir de la ducha con el pelo mojado pegado a la espalda, ese short tan ajustado que no dejaba nada a la imaginación y esas tetas redondas rebotando cada vez que caminaba. Hoy no pudo resistirse y la acorraló contra la pared del pasillo, le arrancó el top de un tirón y le mordió el pezón izquierdo hasta que chilló de dolor mezclado con lujuria. Le bajó el pantalón de un manotazo y su coño ya estaba empapado, los labios hinchados y resbaladizos, listos para recibir lo que tanto tiempo llevaba pidiendo. La puso a cuatro patas sobre la mesa del comedor, le escupió en el culo para que se abriera bien y le metió la polla hasta el fondo de un solo envite, haciendo que sus tetas pegaran contra la madera y sus gemidos sacudieran toda la casa. Ella se agarraba a los bordes de la mesa con las uñas clavadas, gritando que no podía más pero empujando el culo hacia atrás para que le diera hasta la raíz, sintiendo cómo la cabeza de la verga le rozaba el útero con cada embestida brutal. Él le agarró del pelo para que levantara la cabeza y le escupió en la boca, ordenándole que se tragara su saliva antes de ahogarla con un nuevo chorro de polla que le llenó la garganta hasta hacerla toser, con los ojos llorosos y las babas colgando de los labios. La giró boca arriba sin sacársela, le levantó las piernas hasta casi romperle la cintura y se la empotró con tanta fuerza que el sofá se desplazó dos metros del impacto, sus muslos temblando como gelatina mientras él le reventaba el coño una y otra vez sin piedad. Cuando ya no pudo aguantar más, le apretó los pezones con los dedos mientras le clavaba hasta el último centímetro, y ella se corrió gritando su nombre con la espalda arqueada y los dedos de los pies enroscados, empapándole las pelotas de jugos que goteaban hasta el suelo. Él no se detuvo ni un segundo, siguió dándole duro hasta que su propia corrida le quemó la garganta al correrse dentro de ella, llenándole el vientre de leche caliente mientras ella jadeaba con los muslos temblorosos y el coño goteando por los dos agujeros.