Amiga de Cochabamba se deja llenar de leche tras años sin follar
La amiga de Cochabamba estaba más que lista para una buena cogida después de años sin sentir una polla dura entre sus piernas, y yo no iba a dejar pasar la oportunidad de descargarme en su coño bien apretado. Desde que la vi, supe que quería empotrarla contra la pared y hacerla gemir como una puta en celo, y cuando por fin le metí la mano por debajo del vestido, sentí lo mojada que estaba su concha, lista para recibir cada centímetro de mi verga. La tiré sobre la cama y le arranqué las bragas con los dientes, mordisqueando sus muslos mientras ella se retorcía de placer, suplicando que la penetrara de una vez. La puse a cuatro patas y le clavé la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi miembro mientras la embestía con fuerza, sus gemidos resonando en toda la habitación. Cada vez que le daba una nalgada, su coño se contraía más, y supe que estaba a punto de correrme, así que la volteé y le llené la boca de leche, su lengua lamiendo cada gota como una perra en calor. Después, jadeando y sudando, me recosté a su lado mientras ella se limpiaba el semen de sus labios, sonriendo como una puta satisfecha. Fue una follada salvaje, justa para una mujer que llevaba años sin sentir un buen polvo.