Sarah Kay se deja empotrar por el novio con su polla enorme
Sarah Kay no podía dejar de temblar cuando Kristof le susurró que alguien podría entrar en cualquier momento. La chica de pelo castaño se mordía los labios mientras él le levantaba la falda en el sofá de la sala, con la puerta sin llave. Sus muslos estaban mojados de anticipación, y cuando él le metió los dedos, ella ahogó un gemido, mirando hacia la puerta cada dos segundos. Kristof le bajó las bragas y le lamió el coño hasta que ella se retorció, susurrando que si alguien los escuchaba, estarían jodidos. Él no esperó más y la penetró de una estocada, llenándola entera mientras ella se agarraba a sus hombros, mordiendo su cuello para no gritar. Las caderas de él chocaban contra las de ella, y cada embestida hacía crujir el sofá, pero Sarah solo podía pensar en correrse antes de que alguien los descubriera. Kristof le apretó las tetas pequeñas mientras la follaba más fuerte, y cuando ella llegó al orgasmo, sus muslos temblaron y su coño se contrajo alrededor de su polla. Él se corrió dentro, llenándola hasta que ella sintió el calor en su vientre, y entonces escucharon pasos en el pasillo. Kristof se quedó quieto, con la polla aún dentro, mientras Sarah se mordía el labio, esperando que quien fuera pasara de largo. Cuando los pasos se alejaron, él salió de ella lentamente, dejando un hilo de semen entre sus piernas. Sarah se limpió con las bragas, todavía jadeando, y Kristof se rio en voz baja, sabiendo que la próxima vez sería aún más peligroso.