El novato se dejó empalar con mi verga enorme hasta espumar
El chaval llegó con ese aire de niño bueno que solo duraba hasta que le vi el culo prieto apretando los jeans en el probador, y supe que esa noche iba a ser mi puto juguete. Le agarré del pelo cuando se dio cuenta de que mi polla le rozaba el muslo, pero en vez de apartarse, se mordió el labio y se dejó caer de espaldas contra el espejo, abriéndose de piernas como si llevara años esperando esto. Con tatuaje de dragón en la espalda brillando bajo la luz tenue del local, me acerqué y le metí la punta entre las nalgas, sintiendo cómo su agujero temblaba al tacto de mi glande hinchado. Él solo gimió y empujó contra mí, pidiendo más con ese coño virgen que ya empezaba a babear entre sus muslos, aunque no lo supiera aún. Le escupí en el culo para que entrara más fácil, y cuando metí hasta la base de un solo envite, el novato soltó un aullido que casi me deja sordo, con los dedos arañando el espejo mientras su cuerpo se rendía ante la invasión. Cada embestida le sacudía el vientre, haciendo que su verga saltara como un resorte entre sus piernas, empapada de sudor y algo más que pronto empezaría a escurrirse por su muslo. Le agarré de las caderas y lo empotré contra la pared del probador, clavándole la polla hasta que sus gemidos se volvieron una mezcla de dolor y placer que me puso más duro que el mármol de los probadores. Cuando noté que su culo empezaba a vibrar alrededor de mi miembro, supe que se corría sin necesidad de tocarse, con chorros blancos manchando el suelo mientras yo seguía embistiéndolo sin piedad, exprimiendo hasta la última gota de mi leche espesa que le llenaba el intestino hasta rebosar. El pobre novato se derrumbó contra mí, jadeando con la cara pegada a mi pecho, mientras su agujero seguía goteando un líquido caliente que se mezclaba con el sudor de ambos cuerpos pegados. Me quedé un rato así, con la verga aún enterrada en su culo abierto, sintiendo cómo su aliento se calmaba poco a poco mientras le acariciaba la espalda tatuada, sabiendo que esa noche ya no habría marcha atrás para ninguno de los dos.