Febrero caliente: polla dura y corrida en cada esquina
La ciudad se llenó de putas desesperadas por sentir una polla gruesa entre sus piernas, y él no podía resistirse a empotrar a cada una contra la pared más cercana. Cada mañana, al salir de casa, ya tenía a alguna vecina con el culo parado, esperando que le metiera su verga hasta el fondo. Las tetas rebotaban con cada embestida, los gemidos se mezclaban con el sonido de la piel golpeando contra piel, y el coño bien mojado chorreaba de lo excitada que estaba. No importaba si era en el ascensor, en el parque o en el baño de un bar, siempre encontraba a una zorra lista para tragarse su leche caliente. Las piernas temblaban cuando la polla enorme la penetraba hasta el fondo, y los gritos de placer resonaban en cada esquina. Las putas se arrodillaban para chupar su verga con desesperación, tragando hasta la última gota de semen que brotaba de su polla dura. Febrero fue el mes en que no hubo descanso, solo pollas bien duras y coños bien mojados listos para follar sin parar.