Logan Xander se corre entre dos putas en el club de strip
El muy cabrón entró al local con la polla ya dura de solo ver esos tacones de aguja y esas medias de red que le dejaban las tetas al aire. La primera stripper, con los pezones duros y los labios pintados de rojo chillón, se subió a su regazo sin pensarlo dos veces y empezó a restregarle el coño mojado contra el muslo mientras le lamía el cuello con esa lengua afilada que tanto le gustaba. Él le agarró el culo apretado con ambas manos y la empotró contra la barra, haciendo que sus tacones de stripper resonaran contra el suelo de madera al ritmo de los empujones brutales. La segunda, con un tatuaje de serpiente enrollándose en la pierna, no se quedó atrás: le chupó la polla hasta que se le humedecieron las bragas de solo mirarlo, pero en cuanto sintió que se corría, se la clavó en la boca hasta ahogarlo con sus chorros espesos que le resbalaban por la garganta. La primera, jadeando como una perra en celo, se arrodilló en el suelo mojado de cerveza y le empezó a lamer los huevos mientras le metía un dedo en el culo sin piedad. Logan, con la espalda pegada a la silla y los ojos en blanco, no pudo aguantar más: le agarró la cabeza de los pelos teñidos y le disparó la leche caliente justo en la cara, cubriéndole los labios, la nariz y hasta los pechos con su semen espeso. Las dos putas se relamieron los labios al verlo correrse así, pero no se detuvieron ahí: la de los tacones se subió a horcajadas sobre su cara y le empotró el coño chorreante contra la boca, obligándolo a sorberle el jugo que le brotaba como una fuente mientras gemía como una posesa. Él, con la lengua enterrada hasta la garganta, le chupó el clítoris hinchado hasta que ella se corrió gritando su nombre, mojándole toda la cara con un chorro que le dejó la piel brillante. La otra, mientras tanto, le lamía los pies sudados con devoción, mordisqueándole los dedos uno por uno como si fueran un manjar, mientras le susurraba que le encantaba su olor a macho sudado y a sexo barato. Entre gemidos, lametones y empaladas brutales, Logan no supo ni cómo se corrió de nuevo, esta vez disparando su leche directamente sobre los pechos tatuados de la que lo estaba mamando con saña, dejando su piel decorada con hilos blancos que resbalaban por su vientre plano. Las dos se rieron como locas al verlo exhausto, pero antes de que pudiera recuperarse, la de los tacones ya le estaba frotando las plantas de los pies contra el rabo flácido, susurrándole que aún no había terminado con él. Él, rendido pero con la sonrisa de un ganador, no pudo hacer otra cosa que dejar que le hicieran de todo: desde chuparle los dedos de los pies hasta que le escupían agua en la boca como si fuera un trago, mientras las dos putas se turnaban para metérsele hasta el fondo y hacerle olvidar hasta su propio nombre.