Mi hermanastra me deja devorar su coño hasta que se corre fuerte
Desde que se mudó con nosotros, mi hermanastra no paraba de provocarme con esos shorts ajustados que marcaban su culo redondo y ese coño rosadito que se le veía cuando se sentaba en mi regazo. Un día, mientras ella se duchaba, no pude resistirme y entré al baño, la vi desnuda con el agua cayéndole por sus tetas grandes y ese culito perfecto. Sin pensarlo, me arrodillé y empecé a chuparle el coño con fuerza, metiendo la lengua en su agujerito mientras ella gemía fuerte y me agarraba el pelo. Su clítoris estaba hinchado y lo mordisqueé suavemente antes de lamerlo sin parar, sintiendo cómo su cuerpo temblaba y sus jugos calientes me mojaban la cara. Ella se retorcía, gritando '¡Sí, así, cabrón!' mientras yo le metía dos dedos bien adentro y los movía en círculos, haciendo que su coño se apretara alrededor de ellos. Cuando por fin se corrió, su cuerpo se arqueó y un chorro caliente me bañó la cara, su jugo dulce y espeso goteando por mi barbilla. Después, ella me miró con esos ojos verdes y me dijo 'Eres un puto experto, hermanito', mientras se limpiaba el coño con los dedos y se los chupaba. La escena terminó con ella sentada en mi polla dura, cabalgándome hasta que yo también me corrí, llenándole ese culito apretado de leche caliente.