Exnovia me domina y me devora entera
Ella llegó con esa sonrisa de perra dominante que siempre le puse los cuernos y ahora me tiene arrodillado en su sofá de cuero negro, con las manos atadas atrás porque hoy no soy más que su juguete favorito. Su lengua, larga como un demonio, me recorre desde el cuello hasta la punta de la polla mientras sus uñas rojas se clavan en mis muslos, dejándome marcas que sé que van a escocer mañana. La putita tatuada me susurra al oído que hoy va a hacerme tragar hasta la última gota de mi propia leche, y su aliento a menta mezclado con alcohol me enciende más que cualquier porro. Sin piedad me obliga a abrir bien la boca, me agarra de la nuca y me empala hasta el fondo de la garganta, haciendo que mis ojos se llenen de lágrimas mientras mis gemidos ahogados resuenan en su sala llena de espejos. Cada vez que tose o intenta apartarse, sus piernas musculosas me sujetan contra el suelo y me obliga a tragar más fuerte, sintiendo cómo su lengua me lame las bolas mientras me ahoga con su polla imaginaria. La cabrona sabe que no puedo aguantar más, que mi coño —perdón, mi polla— ya está a punto de reventar, así que acelera el ritmo, chupándome con esa boca experta que antes me tragaba hasta el fondo mientras sus tetas tatuadas rebotan contra mi cara. La siento crecer dentro de mi garganta, gruesa y palpitante, y cuando por fin me suelta con un golpe seco en el culo, me deja caer al suelo jadeando, con la polla roja y brillante de tanto saliva, lista para que ella se la folle hasta que no quede ni un hilo de mi dignidad. Antes de correrme, me obliga a abrir la boca otra vez y me escupe un chorro espeso de su propia excitación mezclada con mi corrida anterior, obligándome a tragármelo todo mientras sus gemidos obscenos llenan la habitación. La muy zorra se corre encima de mí, mojando mi cara con su coño empapado mientras me susurra que soy su juguete favorito y que mañana volverá a repetirlo todo, pero esta vez con un strap-on que me va a romper el culo hasta que sangre.