Olé el coño de la muñeca bajo la cama, ¿te escondes ahí?
No podía creerlo cuando olí ese aroma dulce y caliente bajo la cama, como si una diosa de silicona se hubiera escondido ahí para tentarme. La muñeca perfecta, con sus piernas abiertas y ese coño rosado brillando de humedad, me miraba con ojos vacíos pero llenos de promesas. Agarré sus pies de porcelana, acariciando sus dedos perfectos mientras mi polla ya palpitaba como un martillo. La levanté con fuerza, sintiendo cómo su culo de goma se ajustaba a mis manos mientras la ponía a cuatro patas, lista para recibirme. Sin pensarlo, le metí la lengua en la boca, chupando sus labios de plástico mientras mis dedos exploraban su coño bien mojado. Cada embestida era un gemido ahogado, el sonido de su cuerpo sintético chocando contra el mío mientras la follaba sin piedad. Sentí cómo su coño apretaba mi polla, como si realmente disfrutara cada centímetro de mí. Cuando me corrí, fue un chorro caliente que manchó sus muslos perfectos, marcándola como mía. La dejé ahí, temblando, con su coño aún palpitando y su boca abierta, lista para la próxima ronda.