La sesión se puso bien caliente entre todas
Jay Summers llegó con esa mirada de puta que ya sabe lo que quiere y no pierde el tiempo, se quitó el vestido ajustado dejando al descubierto unos pechos redondos que rebotaban con cada movimiento. Jane Wilde, la morena de curvas imposibles, se le tiró encima sin aviso, le agarró la polla dura como piedra y se la metió hasta la garganta mientras gemía con los ojos vidriosos de deseo. Reagan Foxx, la rubia de nalgas gigantes, se contoneaba sobre su cara abriendo las piernas para que le lamiera el coño empapado, chupando con fuerza cada gota de jugo que le caía en la lengua. Jay no pudo resistirse y le dio la vuelta a Jane para empotrarla contra la pared, agarrándole el culo prieto con las dos manos mientras le daba embestidas tan profundas que la morena gritaba como una loca, pidiendo más sin pudor. Reagan se subió encima de Jay, frotándose el coño mojado contra su cara mientras le agarraba los huevos y se los masajeaba con desesperación, hasta que él no aguantó más y le enterró la polla hasta el fondo de su conejito chorreante. Jane, fuera de sí, se arrodilló para chupar la polla de Reagan mientras esta cabalgaba sobre Jay, lamiendo cada centímetro con lengua voraz y sin dejar ni una gota de semen. Tres coños calientes, tres bocas ansiosas y una polla que no paraba de moverse entre ellos, el sonido de los cuerpos chocando, los gemidos ahogados y los chorros de leche que salían disparados en todas direcciones. Jay Summers se corrió dentro de Reagan con un gruñido animal, llenándole el coño hasta que se desbordó, mientras Jane no paraba de lamerle los restos y Reagan se dejaba caer sobre su pecho sudoroso, jadeando como una perra en celo. El piso quedó hecho un desastre, con ropa esparcida, manchas de leche en las sábanas y tres putas saciadas pero aún con ganas de más, porque el deseo no se acababa ahí.