Madraste madrastra se deja empotrar con velo en casa
La madrastra llevaba el velo ajustado mientras se retorcía en el sofá, el marido se había ido al trabajo y ella solo pensaba en lo que le esperaba. Con las tetas grandes rebotando a cada movimiento, le abrió la puerta a su hijastro con una sonrisa pícara y un suspiro que le salía de lo más profundo del coño ya mojado. Él no perdió tiempo en acercarse, le arrancó el velo de un tirón y le metió la polla dura hasta la garganta mientras ella gemía con los labios bien abiertos y los ojos llorosos de placer. La empujó contra la pared del pasillo, le subió la falda hasta la cintura y le clavó el culo con fuerza, sintiendo cómo su concha se abría al ritmo de cada embestida salvaje. Los jadeos de ella resonaban en toda la casa mientras él le agarraba las tetas enormes con las dos manos, apretando los pezones duros como piedras hasta que ella gritó que no podía más. La tumbó en el suelo de la sala, le abrió bien las piernas y se la folló de rodillas, sintiendo cómo su coño jugoso se le enredaba en la polla cada vez que la penetraba hasta el fondo. Ella no paraba de mover el culo, pidiendo más a gritos, mientras él le escupía en la boca para lubricarle mejor la garganta antes de volver a empalarla sin piedad. Cuando sintió que el orgasmo le recorría el cuerpo como un rayo, se corrió dentro de ella sin protección, llenándole el vientre de leche caliente mientras ella se retorcía debajo con los muslos temblando y la cara roja de tanto gritar. Después se quedó jadeando, con la polla aún palpitando dentro de su concha empapada, mientras él le susurraba al oído lo puta que era y lo bien que le había comido el coño desde el primer día.