Puta bailando sensual en el bar con culo respingón
Desde que entró al local con ese vestido ajustado que le marca el culo como si fuera una segunda piel la cosa se puso caliente. El muy hijueputa no pudo evitar mirarle el trasero mientras bailaba moviendo las caderas de arriba abajo, apretando fuerte esas nalgas redondas que le pedían a gritos que las agarraran con fuerza. Ella se dio cuenta y, en vez de apartarse, se acercó más al escenario donde él se masturbaba descaradamente por debajo de la mesa, con la polla dura como una piedra lista para reventarle el coño empapado. Cuando le guiñó un ojo con esa sonrisa de puta mala, él supo que no iba a salir de ahí sin probar esos labios carnosos ni sin empotrarle el culito contra la barra del bar. La música retumbaba mientras ella se agachaba lentamente, levantándose el vestido hasta dejar al descubierto una tanga diminuta que ya estaba empapada de sus propios jugos, y él no pudo aguantar más: la agarró por la cintura y la llevó hasta un rincón oscuro donde el olor a sexo y alcohol se mezclaba en el aire. Allí, sin pensarlo dos veces, le arrancó la ropa interior de un tirón, le abrió las piernas y le metió la polla hasta el fondo mientras ella gritaba de placer con los ojos en blanco, sintiendo cómo cada embestida le llegaba hasta la garganta. La puta no paraba de gemir, con los pechos rebotando al ritmo de los golpes brutales que le daba contra la pared, y él no se detuvo hasta que sintió cómo el coño se le contraía alrededor de su verga al correrse con un chorro tan intenso que le mojó hasta los huevos. Cuando terminaron, ella quedó tirada contra el suelo, con las piernas temblorosas y el maquillaje corrido por el sudor y los besos sucios que le había dado en el cuello mientras él le susurraba obscenidades al oído.