Vecina en tanga me volvió loco al verla por la ventana
La muy puta llevaba ese tanga negro que le marcaba el culo prieto cada vez que se agachaba para tender la ropa... Me quedé tieso como un poste solo de ver cómo se le movía el coño con cada paso que daba. En cuanto se dio la vuelta y me enseñó esa teta redonda que se le escapaba del sujetador, supe que no podía aguantar más. Sin pensarlo dos veces me tiré sobre ella y le arranqué la prenda de un tirón, dejando su chocho al aire, bien abierto y chorreando. La nena gimió fuerte cuando le metí dos dedos de golpe mientras le lamía el cuello sudado, sintiendo cómo se le ponía la piel de gallina. Ella, loca de deseo, se agachó en cuatro patas y empezó a menear ese culito apetecible mientras yo me desnudaba a toda velocidad, dejando ver la polla bien dura que ya goteaba por la punta. Sin aviso, se la metí hasta el fondo sin piedad, haciéndola gritar como una posesa mientras sus tetas rebotaban contra mis muslos. Cada embestida le arrancaba un gemido gutural y le dejaba las tetas bien rojas por el golpe de mis caderas contra su culo. La cabrona se corrió tan fuerte que me empapó la verga de jugos, pero no paré ahí: la levanté en peso y la tumbé boca arriba sobre la cama, donde le comí el coño como un animal hasta dejarla temblando. Cuando ya no pudo más, se la chupó entera hasta tragárselo todo, sintiendo cómo le resbalaba el semen por la garganta mientras le apretaba los cojones con las manos. El final fue épico: le disparé la leche bien caliente por toda la cara y las tetas, dejando su cuerpo marcado como una puta en celo que acababa de ser bien follada.