La esposa infiel se venga follando al suegro con rabia
El sofá de la sala estaba manchado de vino tinto, igual que mi tanga cuando me lo arrancó de un tirón. Sabía que mi marido estaba en el trabajo, pero el suegro siempre merodeaba por la casa como un perro en celo. Hoy no me resistí: me arrodillé frente a él, le bajé el pantalón y le metí su polla hasta la garganta. Quería que supiera lo que era tragarse un coño bien mojado, igual que mi marido se tragaba su cerveza cada noche. Lo monté a horcajadas, sintiendo cómo mi culo rebotaba contra sus muslos mientras le clavaba las uñas en la espalda. Grité tan fuerte que los vecinos debieron oírme, pero no me importó. Cuando me corrió en la cara, me limpié los labios con el dedo y le escupí en la boca. Mi marido llegó justo a tiempo para ver cómo el suegro se limpiaba mi leche de la barbilla, con una sonrisa de triunfo que me revolvió las entrañas.