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Vecino musculoso me empotra duro en la ducha

12:31 1080P 5 Gay
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Estúdio Falcon Al

Desde que se mudó al apartamento de enfrente, cada vez que lo veía salir del gimnasio con esa camiseta pegada al cuerpo musculoso y esos pantalones cortos que marcaban todo, se me ponía el culo como una fresa madura. No aguantó más: un día, después de que me empujara contra los azulejos fríos de la ducha con su polla ya dura como un hierro, me levanté las nalgas y le dejé clavar cada centímetro de esa verga gruesa que tenía sin piedad. Los chorros de agua caliente resbalaban por mi espalda mientras él me agarraba de las caderas con esas manos grandes y me empotraba una y otra vez, haciendo que los gemidos se me escaparan entre los dientes apretados. Cuando me giró para que le chupara la polla, ya babosa y palpitante, le lamí el tronco desde la base hasta la punta, tragándome casi toda su longitud mientras él me sujetaba la cabeza y me metía hasta el fondo de la garganta, ahogándome un poco con esos embates bruscos. Pero no se conformó con eso: me sacó de la ducha mojado, con el pelo pegado a la cara y el coño chorreando, y me llevó a su habitación donde me tiró sobre la cama boca abajo. Con las piernas bien abiertas, me metió los dedos en el culo y me los untó con saliva antes de clavarme su verga gorda hasta las entrañas, arrancándome un grito de puro placer. Cada embestida era más salvaje que la anterior, su cuerpo musculoso golpeando contra mi trasero con un sonido húmedo y sucio mientras yo solo podía jadear y empujarme contra él, deseando más. Cuando por fin se corrió dentro de mí, bien adentro, sentí cómo su leche caliente me llenaba el coño y me dejaba temblando, con las piernas débiles y el cuerpo completamente rendido. No contento con eso, me dio la vuelta y me clavó la polla otra vez, esta vez en la boca, obligándome a tragarme hasta la última gota de su corrida espesa mientras me agarraba del pelo y me miraba con esa sonrisa pícara. Quedé completamente empapada, con el culo lleno de su leche, la polla aún dura y esa mirada que me decía que no sería la última vez. Y la verdad es que no me importaría que lo fuera.

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