Carter y Damian se calientan en su escapada de aniversario
La semana que llevaban en esa posada rural los tenía más calientes que el infierno: Carter no paraba de mirarle el culo tatuado a Damian cada vez que se agachaba a recoger leña, y el muy cabrón se reía como si supiera lo que le hervía por dentro. Lo que empezó como un masaje lento con aceite de coco en la bañera de madera terminó con Damian empujando la cabeza de Carter contra su verga circuncidada mientras le clavaba los dedos en el pelo mojado. Carter no pudo aguantarse y le metió dos dedos en el culo a Damian, arrancándole un gemido ahogado que resonó en el bosque mientras la polla de su novio le abría la garganta con embestidas profundas. Damian le agarró las tetas a Carter, apretándolas con fuerza mientras este le chupaba las pelotas y le lamía el prepucio, sintiendo cómo se le endurecía más con cada lametón. Se tiraron en el suelo de la cabaña, Carter boca arriba con las piernas en alto mientras Damian le escupía en el culo y le metía la verga sin piedad, empotrándolo contra el parqué con golpes secos que hacían temblar la madera. Carter se corrió primero, disparando chorros espesos por todo el pecho, pero Damian lo agarró rápido y le metió la polla en la boca para que se tragara hasta la última gota de leche, ahogándose con los espasmos que le recorrieron el cuerpo. Luego fue el turno de Damian: Carter se arrodilló frente a él, le bajó el prepucio con la lengua y le metió hasta la garganta toda la verga tatuada, tragando saliva mientras le acariciaba los huevos con una mano y le apretaba el culo con la otra. Cuando Damian sintió que se le nublaba la vista, empujó a Carter contra la pared y le escupió en el agujero mientras se corría en su boca, cubriéndole la lengua con un torrente caliente que le quemó hasta la garganta. Los dos quedaron tirados en el suelo, jadeando, con las pollas aún goteando semen y los cuerpos pegajosos de sudor y leche, mientras el sol se ponía tras los árboles y el olor a sexo crudo inundaba la habitación.