Chico virgen se corre por primera vez sin ropa
El pobrecillo temblaba como un flan cuando le quitaron el uniforme, dejando al descubierto suculentas nalgas blancas que pedían a gritos ser marcadas. Lo habían engañado con eso de '¿es tu primera vez?' pero en el fondo sabía que no podía escapar de lo que venía. El poli se relamió los labios al ver el culito prieto y sin un pelo, tan apretado que juró que le iban a reventar las costuras de los pantalones al metérsela. Le escupió en el agujero sin avisar, sintiendo cómo el chico se estremecía al sentir el líquido baboso resbalando entre sus nalgas mientras gemía con voz de pánico mezclado con excitación. 'No te preocupes, mi niño bonito, esto va a doler pero te va a encantar', le susurró mientras le agarraba la polla dura como una roca y se la restregaba contra el culo sin piedad. El virgen intentó huir gateando, pero el poli lo agarró de la cintura con fuerza bruta y lo empaló de golpe, haciendo que un alarido desgarrado saliera de su garganta al sentir cómo la verga enorme le abría paso entre músculos que nunca antes habían sido violados. Las embestidas eran brutales, cada empujón hacía que el pobrecillo se clavara más en el pasto mojado, con los muslos llenos de tierra mientras la polla le llegaba hasta las entrañas. Los gemidos se le atascaban en la garganta cada vez que el poli le metía hasta el fondo, sintiendo cómo el prepucio se le arrugaba contra el esfínter virgen, que poco a poco se iba adaptando al tamaño descomunal. No pasó mucho antes de que el chico empezara a mover las caderas por voluntad propia, buscando más profundidad, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta dejando escapar babas que se mezclaban con sus gritos de placer prohibido. Cuando por fin la corrida llegó, fue como un tsunami: el poli le llenó el culo de leche espesa y caliente, sintiendo cómo el chico se corría solo de sentirla tan adentro, con chorros blancos saliéndole por la boca entre babeos y suspiros entrecortados. Después lo dejaron tirado en el suelo, con las piernas temblorosas y el culo goteando semen, mientras el poli se limpiaba la polla con el dorso de la mano y se reía viendo cómo el uniformado se arrastraba como pudo hasta esconderse entre los arbustos, avergonzado pero con una sonrisa tonta en la cara.